sábado, 24 de febrero de 2007

UN POCO DE BLANCO PARA ESA NEGREZ

TODO LO NEGRO ES NEGRO

Nadie sabe lo mal que uno puede llegar a estar. Ni él lo sabía. Había decidido no hablar más del asunto y encerrarse en su cuarto a descansar después de la discusión. No le molestaba que alguien había dicho cosas que le molestaban, no le importaba haber discutido con tal vez la persona que más amaba y más sorprenderte era. Lo que le partía la cabeza era encontrarse ya sin sueños y eso era algo que no podía soportar.

No quería hablar más, no quería tirarse por la ventana, a eso tampoco le encontraba sentido, que ella halla dicho que la había tratado mal, que tenga razón mostraba que estaba actuando mal, pero lo peor era no sentirlo por fuera, sólo por dentro como algo se rompía, como si su corazón dejara de hacer su trabajo y empezara a resquebrajarse. Quería meter la mano dentro suyo y tirarlo. No quería pensar más, no quería dormir. Lo que le pasaba era al mismo tiempo tan natural. Lo cierto era que todo había sido progresivo tal vez, que había usado sus últimas fuerzas en aparentar que no estaba mal y ahora esas fuerzas, que no había recargado, no estaban, y sin fuerza no se podía hacer nada. Era el fin.

Sólo quedaba una cosa, viajar y se fue. Un lugar tranquilo, aunque no estaba tranquilo para nada. El viaje lo incomodó, no podía estar quieto, miraba a los de al lado y no podía comprender como podían estar quietos, para él algo siempre algo estaba pasando, una tragedia. Llegó a su casa, cerca de la playa, dejó las valijas y se fue esa mañana a ver el mar. El mar lo asustó, tan grande y tan constante, pero poco a poco se acostumbró, hacía tiempo que no se acostumbraba a algo placentero, el sonido constante del mar. Las olas que nacen y rompen todo el tiempo. Esa idea y no otra le hizo dar cuenta que no había algo que todo lo destruía, ¿Algo sagrado?

Y ahí se dio cuenta que la felicidad no es algo que viene sino que se busca y ese pensamiento, esa sensación no lo abandonó todo el día hasta que se durmió, y cuando se despertó se fue a correr, y cuando corría recordaba su visita a su abuela, cuando dejó la cena para ver televisión, y no aceptó el postre, y esa sensación amarga permaneció hasta que se dijo, tendré una segunda oportunidad antes que se muera. Por otro lado, quería volverse loco.