SE ACABÓ EL MAL OLOR, ELLA SE QUEDA CON DON PEDRITO
El tipo sonreía siempre. Le habían confiscado todos los dioses. Los vendían por ahí, allá lejos donde se juntaban las personas, todos hablaban de él. Cuando ellos se sentaban, el empezaba a rumiar que algo andaba mal.
Ella era pequeña. Casi tenía una ternura infinita. Eran tiempos en los que no existía la guitarra eléctrica. Pero ya se veían los hombres desbocados, harapientos, transformados. Todos sabemos de lo que hablo. El gallo y las gallinas en el corral, y uno que otro delicuente. No querrás saber más que no eres de aquí, le decían. En ella había visto que no era ciega. Pero al arma nadie lo sabe utilizar.
Y todo sucedía todo el tiempo. Se repetía como una constante. Ella aparecía, el la galanteaba y todos los animalitos sonreían. Aunque había algunos celosos, que por la mañana salían del prado, a despertar la mañana. Y él sabía todo esto, pero no los alimentaba, porque pensaba que con las frazadas que había comprado en Äfrica bastaban. Lo que era mentira era muy simple. No como un teatro donde no se entiende de que lado está el escenario. Buenos días doctora, su amor me sienta bien.
Y la verdad es que no era así tampoco. También estaba el rudo, inhóspito. El insubordinado por cobardía, que no entendía nada. El preparaba las pócimas con las que quería conquistar el mundo, y vendía a los gallos. Pero todo eso se acabó cuando apareció una gallina pretenciosa que se enojó con el dueño del lugar. Esto era fuera de lugar, pero Don Pedrito fumaba hierba sin embargo.
Así que un día se encontraron por casualidad, y ya nada era lo mismo porque Jesús había resucitado para salvar a los muertos. Y ellos que no eran de ahí, profesaban otra religión, no entendieron el delirio místico de los muertos de hambre. Es cierto que ahora todo es una orgía donde cada uno puede entender.
Y prendieron el televisor, los animales ya sabían hablar, y ahí estaba tu hermanita panchita, la dulce plancha de lavar y los enanitos verdes. No me tomé nada, es así como es la cosa. La casita en Pinamar y los pendejos en malla. Buenos día dulce de estar, ¿No me das un besito?
Y así van creciendo los admiradores del desorden, la quieren pasar bien, y viajar en buquebus con vos, ya que el anterior viaje se acabó. Claro que lo están pintando todo, porque los descendientes van a preguntar donde están los sirvientes. Yo me llevo bien con mi padre, pero mi madre quiere matar a mi abuelita.
Y van varios siglos de esta milonga, es mentira que la he inventado yo, el logos siempre se escucha y ahora me dice que debo callar.